26/9/12

La guarde

Después de 9 meses llevándolo en tu barriga y otros cuantos (como mínimo 4) estando con nuestros bebés las 24 horas del día, llega el momento de separarnos de ellos... un poquito.

La cruda realidad de la vuelta al trabajo aparece y entonces, la pregunta: ¿qué hacemos con el bebé?

Las opciones que se podrían barajar se resumen en las siguientes:
1. Lo dejamos con los abuelos
2. Contratamos a una niñera / chica que se ocupe del bebé (y de paso de la casa...)
3. Lo llevamos a la guarde




En nuestro caso la verdad es que estaba claro. La respuesta adecuada era la 3. 
No voy a entrar en por qué lo elegimos, cada uno tiene sus razones. Pero sí os diré que, a pesar de la pena infinita que me daba dejar a una bebita de menos de 6 meses 8 horas al día en un sitio que no conocía, valió la pena.

Creo que las ventajas que reporta la guardería a los bebés son muchas: se vuelven más sociables y están rodeados de otros niños, aprenden a manejarse solitos, a dormirse solitos (si no lo hacían antes, como era el caso de la pequeña maripepa, la verdad es que nos dio la vida), les dan clases para enseñarles nuevas palabras y conceptos, aprenden jugando, se les crea una rutina...




Por supuesto también hay inconvenientes, sobre todo en cuanto a salud se refiere. Lo cogen todo (y me refiero a TODO, todas las enfermedades que pasan por ahí, todas las van a pillar) nada más entrar, y se pegan así unos meses. Creo que no he limpiado más mocos en mi vida que durante los 5 primeros meses de la peque en la guarde... 
Cierto es que al entrar en el cole ya estarán curados de espanto, pero eso no mejora la situación, la verdad.


Obviamente juega un papel muy importante de qué guardería estemos hablando. En mi caso, tenía muchas amigas con hijos en la guarde, con lo que sabía cómo era y ellas estaban contentas con la misma.

Ahora sí, todas las dudas se fueron cuando dejé el primer día a la pequeñaja en la guarde. Yo toda preocupada, me pasé al mediodía a ver cómo estaba. Llegué justo a la hora de una de las clases, estaban todos los pequeños atentos a la profe, incluso la mía. La miré, me quedé allí como cinco minutos, incluso a tres metros de ella ¿creéis que me miró? NI CASO, ella estaba toda concentrada en la profe, ¡¡ni se dio cuenta de que estaba allí!!

Me volví al trabajo, contenta por ver a la niña tranquila y feliz, pero triste porque no había prestado atención a su madre que la había ido a ver con tanto amor... así somos las madres, jeje.


Esto que os cuento aquí es mi experiencia personal, no digo que sea mejor o peor que otra, solo es la mía.

De hecho, una menda no fue a la guarde, y tan feliz que estoy, oigan. Eso sí, mi madre siempre dice que de pequeña era un bicho... Y es que solo quería estar ¡con mi abuelita! 





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